Sergio Pac es un bombero con 24 años de servicio, quien inició su trayectoria durante 23 años como voluntario antes de pasar a formar parte de la guardia permanente de la institución. En esta entrevista, conocemos la historia detrás de su uniforme y el recorrido que lo llevó a dedicar más de dos décadas al auxilio ciudadano. Desde el incidente doméstico que despertó su vocación hasta la realidad de trabajar bajo presión cargando un equipo de 25 libras, Don Sergio Pac relata con honestidad los desafíos, riesgos y satisfacciones que definen el día a día de quienes visten el casco en la ciudad de Quetzaltenango.
¿Qué fue lo que le motivó a usted a ser bombero?
“Como de bomberos voluntarios, un año como bombero voluntario permanente, y como bombero voluntario 23 años.”
¿Cuántos años forma parte de los bomberos voluntarios?
Un domingo, yo venía caminando por la 3ra calle de la zona 1 y una señora salió gritando de su casa pidiendo auxilio porque su cilindro de gas estaba prendido. Entonces, yo lo que hice fue entrar a la casa, desconectar el cilindro y luego pues ya lo pudimos controlar. Y no hubo necesidad de llamar a los bomberos.»
¿Para usted qué significa ser bombero voluntario?
«Pues para mí ser bombero es una vocación de servicio que nace para ayudar al prójimo, ya que aquí en Quetzaltenango se necesita mucha ayuda a las personas, pues es una satisfacción personal que uno siente al poder ayudar a las personas que lo necesitan en cualquier tipo de emergencia que se da aquí en la ciudad, como hechos de tránsito, enfermedades comunes, accidentes de todo tipo de rescate.»
¿Cuál ha sido la situación más difícil que ha pasado?
«Una de las situaciones más difíciles fue cuando yo estaba empezando como bombero, pues nos tocó cubrir un accidente de un niño como de unos 12 o 13 años, que un carro lo prensó en una puerta y el niño perdió una de sus extremidades, perdió una pierna. Entonces eso fue algo muy impactante para mí porque estaba empezando mi carrera como bombero.»
¿Usted corre algún peligro al ser bombero?
«Sí, corremos muchos peligros. Por ejemplo, cuando vamos a un incendio, el equipo que nosotros usamos, que es el casco, el chaquetón, el pantalón, las botas y el equipo de respiración autónoma, pesa aproximadamente 25 libras. Entonces, aparte del peso del equipo, tenemos que enfrentarnos al calor, al humo y al peligro de que alguna estructura colapse. Una vez me tocó estar en un incendio en un techo de duralita y cuando se empezó a mojar, empezó a ceder a la duralita y casi me caigo, pero gracias a Dios me logré agarrar de la manguera y mis compañeros me ayudaron a subir.»
¿Usted cree que ha recibido presión de las personas o se ha sentido presionado en algún momento?
«Sí, la presión de la gente siempre está presente, porque cuando llegamos a una emergencia la gente está desesperada y nos gritan que nos apuremos, que por qué tardamos tanto, aunque nosotros hagamos todo lo posible por llegar rápido. Pero por eso nosotros recibimos una preparación psicológica para poder mantener la calma en esos momentos y poder hacer nuestro trabajo de la mejor manera posible.»
¿Alguna recomendación que le dé a la población?
«Pues una de las recomendaciones más importantes es que cuando escuchen la sirena de una ambulancia o de una motobomba, que por favor nos cedan el paso, porque a veces los conductores no se quitan y eso nos quita tiempo valioso para salvar una vida. Y también agradecer a las personas que siempre nos apoyan, como los estudiantes de la universidad que a veces vienen a dejarnos víveres o insumos para que nosotros podamos seguir atendiendo a la población.»
«Al final del día, la mayor recompensa para Sergio Pac no son los reconocimientos, sino la satisfacción de haber respondido al llamado. Como él mismo menciona: ‘Ser bombero es una vocación de servicio que nace del corazón para ayudar al prójimo’. Una labor que, tras 24 años, sigue tan vigente como el primer día.»
